En un principio...
Vamos a hablar sobre una de las personas mas temidas de la ciudad durante la Edad Media. El funcionario que se encargaba de el trabajo mas siniestro de la ciudad de Barcelona, el verdugo.
Antiguamente, cuando Barcelona era parte del Imperio Romano y conocida como Barcino eran los soldados quien ejecutaban a los condenados.
La decapitación, un sistema más rápido y compasivo, era utilizada generalmente con los ciudadanos romanos. Tras la decapitación, la cabeza se podía exponer públicamente para escarnio general o ser puesta a la venta.
Mas tarde los gobernantes decidieron nombre a carniceros o matarifes como verdugos debido a la habilidad que estos poseían con los cuchillos y estar acostumbrados a la sangre. Pero muchas veces la ejecución era un desastre, cabezas a medio cortar, heridas graves en el cráneo o la espalda, el reo gritando, sangre por todos lados. ¿habéis visto correr un pollo sin cabeza? pues mas o menos eso.
Ademas este trabajo, no tenía muchos candidatos. Durante un tiempo, antes de qué existiera la profesión era normal, dejar en un lugar determinado una bolsa con dinero, una capucha (para permanecer en el anonimato), junto a las herramientas necesarias para efectuar la ejecución y el que quisiera, solo tenia que recogerlo y presentarse el día y a la hora de la ejecución y hacer el trabajo. Pero había el problema de que muchas ejecuciones se tenían que ir aplazando por falta de voluntarios.
El Botxí o Verdugo.
El verdugo o como es conocido por los catalanes el "botxí". Que proviene de "bourreau" o de la expresión valona de "boucher" una variante francesa cuyo significado es "carnicero".
Pero desde sus orígenes el verdugo se convirtió en una figura imprescindible, eso sí, victima del rechazo absoluto por parte de población. Una profesión que pasaba de padres a hijos. Las familias de verdugos se emparentaban con otras familias del mismo oficio. Como la famosa familia Sanson de Francia que durante siete generaciones y 150 años administró la pena capital.
La Casa del Verdugo
Cuentan que era tan despreciado por los barceloneses que se llegó hasta el punto, que nadie lo quería tener como vecino. Es mas, a tanto llegaba el miedo, que los sastres se negaban ni siquiera a tocarlo. Y debido a ello, era común ver al verdugo vestido con un saco de patatas acompañado de un cinturón que perfectamente podría ser la cuerda del saco.
Tras meditar el Consell de Cent que era quien pagaba al verdugo, y viendo los problemas, se decidió a ubicarlo en la Plaza del Rei. Dentro literalmente de la misma muralla, ni fuera de la ciudad, ni dentro de la ciudad. Y así, poder garantizar su seguridad. El inmueble esta situado entre la capilla de Santa Ágata y la casa Padellás (actualmente ambas forman parte del museo de Historia de Barcelona). eso sí, era la casa más pequeña de toda la ciudad. Y justo en la misma Plaça del Rei, que era dónde el verdugo ejercía las torturas, castigos o penas de muerte.
Y al lado de la sede de la Santa Inquisición.
De hecho, vivía dentro de la propia muralla, por lo que simbólicamente estaba en ese limbo en el que no vivía en la ciudad pero tampoco fuera para tener a todos contentos. Aunque muy cómodo dudo que estuviera, porque en aquella época era la casa más estrecha de toda Barcelona.
La capucha que formaba parte de su uniforme estaba parcialmente destinada a salvaguardar su identidad, pese a que era bien conocida por todos.
Un pilar con una parte superior plana, de un metro cuadrado aproximadamente, donde se ataba al reo condenado a escarnio público, por el tiempo establecido en la condena.
La caravana del escarnio se detenía frecuentemente para que fuera leída la sentencia. También era habitual que en estas paradas se fuera azotando al reo, que solía vestir tan solo un blusón y llevaba un ridículo sombrero en forma de cucurucho con cascabeles para completar la humillación."
Lo realmente espectacular de Ketch es que logró que la gente llegara a ser “fan” hasta el punto que cuando él “trabajaba”, la gente acudía en masa a sus ejecuciones. El morbo por verle a él era mayor que el hecho de ver la supuesta ejecución, y que el populacho aprendiera que, el castigo, era un ejemplo para todos de lo que les podía pasar si transgredían la ley. Había diferentes tipos de ejecuciones (horca, guillotina, hacha…) y cuanto más atroz era el castigo más grave había sido el crimen.
A pesar de lo rutinaria que podía ser una ejecución, cada verdugo aportaba su propio espectáculo y actuaba para arengar a las masas. Sería comparable con un concierto pues hay un “artista” sobre el escenario y un público expectante.
En 1683, llega una de sus "anécdotas" más conocidas . Jacquet fue el encargado de ejecutar a Lord Russell en Lincoln's Inn Fields el 21 de julio de 1683. El noble fue condenado por urdir un plan para secuestrar al rey Carlos II. Sabedor del destino que le esperaba, Lord Russell entregó diez guineas a Jacquet para que cumpliera con su trabajo de una manera limpia y que no le provocara sufrimiento. Pero en el momento del ajusticiamiento y debido al mal estado de las armas que utilizaba Ketch, necesitó hasta tres hachazos para separar la cabeza del cuerpo del noble.
El 15 de julio de 1685 Ketch tuvo otro encargo en parecidas circunstancias. En esta ocasión se trataba de James Scott, duque de Monmouth que ofreció seis guineas al verdugo para obtener un ajusticiamiento sin sufrimiento. Pero esta vez la muerte fue aún peor. Ketch necesitó cinco golpes de hacha para ajusticiar al reo, pero como el hacha no cortaba mucho, tuvo que utilizar su cuchillo para terminar de separar la cabeza del cuerpo.
Su estrella se apagó con el paso de los años y ya no era ese célebre show-man sangriento a quien todo el mundo quería contratar, un paralelismo que suele suceder con las rock-star venidas a menos. Ketch era un alcohólico empedernido y pronto sus deudas le persiguieron hasta el punto de dar con sus huesos en la cárcel.
No todo iban a ser desventajas ya que era una profesión que se pagaba muy bien, trabajo fijo y vivienda propia. Asimismo, siempre podría sacar un extra vendiendo los restos corporales, haciendo pociones, ungüentos, amuletos y vendiendo sus ropas y lo poco que llevara encima.
Eran muy preciados los zapatos de los ejecutados, pues se decía que si se ponían en la entrada protegían la casa de los malos espíritus".![]() |
| La foto mas antigua que he encontrado ¿años 20´? |
Tras meditar el Consell de Cent que era quien pagaba al verdugo, y viendo los problemas, se decidió a ubicarlo en la Plaza del Rei. Dentro literalmente de la misma muralla, ni fuera de la ciudad, ni dentro de la ciudad. Y así, poder garantizar su seguridad. El inmueble esta situado entre la capilla de Santa Ágata y la casa Padellás (actualmente ambas forman parte del museo de Historia de Barcelona). eso sí, era la casa más pequeña de toda la ciudad. Y justo en la misma Plaça del Rei, que era dónde el verdugo ejercía las torturas, castigos o penas de muerte.
Y al lado de la sede de la Santa Inquisición.
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| En la actualidad, a la izquierda "la columna de la vergüenza" |
De hecho, vivía dentro de la propia muralla, por lo que simbólicamente estaba en ese limbo en el que no vivía en la ciudad pero tampoco fuera para tener a todos contentos. Aunque muy cómodo dudo que estuviera, porque en aquella época era la casa más estrecha de toda Barcelona.
Todos tenemos en mente la figura encapuchada, lista para ejecutar su trabajo (nunca mejor dicho), pero pocas veces nos paramos a pensar que debajo de ella había una persona que después seguía con su día a día.
Es cierto que dependía mucho del lugar en el que te tocase ejercer. En líneas generales era un trabajo poco agradecido, pero que alguien debía hacer. Por lo general solían ser gente de clase más bien baja y estaba bien pagado en comparación a los ingresos de la población media de la época.La capucha que formaba parte de su uniforme estaba parcialmente destinada a salvaguardar su identidad, pese a que era bien conocida por todos.
La columna de la vergüenza.
La columna tiene grabado el año 1644 y la casa del verdugo, en el dintel de entrada, 1622.
Si se trataba de un condenado a muerte, la humillación pública se aplicaba a través de un recorrido conocido como "bòria avall". Consistía en un paseo al que era sometido el reo normalmente subido y atado a un asno. La comitiva partía de la prisión ubicada en la plaza del Rei, que también era utilizada por la Inquisición Por la actual calle del Veguer llegaba a la Baixada de la Llibreteria. Continuaba por Bòria, de ahí el nombre del recorrido, hasta la capilla de Marcús (carrer dels Carders) Entonces, se tomaba la calle Montcada hasta el Born, se continuaba por la calle Vidreria, la procesión del bochorno continuaba por la plaza de las Olles, el Pla de Palau i la calle Ample, para tomar entonces la de Regomir i Ciutat hasta la plaza Sant Jaume. Seguía por la calle del Bisbe hasta la plaza Nova, donde se adentraban en la hoy desaparecida calle Corríbia, Comtes de Barcelona y de nuevo a la plaza del Rei, donde se ejecutaba finalmente al condenado.
La caravana del escarnio se detenía frecuentemente para que fuera leída la sentencia. También era habitual que en estas paradas se fuera azotando al reo, que solía vestir tan solo un blusón y llevaba un ridículo sombrero en forma de cucurucho con cascabeles para completar la humillación."
El verdugo no solo se dedicaba a separar cabezas, entre sus funciones y dependiendo de la sentencia también se incluían, latigazos, amputaciones y cosillas menores.
En ocasiones, era parte de sus tareas reconfortar a la víctima y ayudarle a aceptar su destino. Les hablaban del paraíso, algo que muchos de ellos creían que no verían porque se consideraban condenados para toda la eternidad, a pesar de que en algunos países como Francia la Iglesia los perdonaba de forma oficial por todas las vidas que quitaban en el cumplimiento del deber.
Con el paso del tiempo ocurrió que un evento ideado para dar ejemplo y evitar que la sociedad viera el crimen como una forma de vida se transformó en un verdadero circo. Ejemplo de ello es que, durante las ejecuciones en la España medieval, "el ambiente se caldeaba desde por la mañana" y "los menestrales abandonaban sus trabajos para concurrir, la recebada bota de vino colgando del hombro, al sabroso espectáculo".
Los ajusticiados que eran enterrados, (dependiendo de la sentencia se tiraban los cuerpos fuera de la ciudad), eran sepultados en el cementerio que había en la edad media en la actual plaza San Felip Neri, donde también eran enterrados los verdugos.
Una de las fuentes que más nos puede mostrar cómo era la vida de estos profesionales son los diarios de Franz Schmidt, un verdugo que vivió en Nuremberg en el siglo XV. Cuando cumplió 18 años, siguió los pasos de su padre bajo su misma tutela, y para cuando escribió sus memorias había realizado 361 ejecuciones y 345 castigos menores.
John Ketch: El precursor de los conciertos de Rock
Promoción, canciones y espectáculo.
A pesar de lo rutinaria que podía ser una ejecución, cada verdugo aportaba su propio espectáculo y actuaba para arengar a las masas. Sería comparable con un concierto pues hay un “artista” sobre el escenario y un público expectante.
En 1663 pasó a ser el verdugo "titular"del rey Carlos II avalado por una larga trayectoria de ejecuciones sádicas. Lo innovador de este siniestro personaje es que a Ketch le gustaba promocionarse y los días antes de la ejecución paseaba por las calles avisando de su próximo espectáculo. Incluso componía canciones sobre él mismo y solía cantarlas a “su público”. En las canciones relataba con todo tipo de detalles su arte de amputaciones, torturas y muerte. Una de sus letras era esta:
Sus víctimas padecían todo el show de Ketch que incluía volteretas y todo el recital grotesco. Ketch se embutía en unas ajustadas mallas negras y dejaba al descubierto su siniestro rostro. Mostraba al público sus utensilios oxidados y desgastados y simulaba que cortaba para luego parar y provocar al público. Alargaba la ejecución a su voluntad para jugar con las reacciones de la audiencia, que lo llegaría a odiar y a amar. El mal estado del material y su físico limitado hacían que no tuviera fuerza suficiente para asestar certeros golpes de hacha.
“Oídme, ha llegado la mejor medicina contra la traición.
Soy John Ketch, el que limpia de traidores a nuestra querida Inglaterra”.
| Viñeta del cómic sobre John Ketch |
Sus víctimas padecían todo el show de Ketch que incluía volteretas y todo el recital grotesco. Ketch se embutía en unas ajustadas mallas negras y dejaba al descubierto su siniestro rostro. Mostraba al público sus utensilios oxidados y desgastados y simulaba que cortaba para luego parar y provocar al público. Alargaba la ejecución a su voluntad para jugar con las reacciones de la audiencia, que lo llegaría a odiar y a amar. El mal estado del material y su físico limitado hacían que no tuviera fuerza suficiente para asestar certeros golpes de hacha.
En 1683, llega una de sus "anécdotas" más conocidas . Jacquet fue el encargado de ejecutar a Lord Russell en Lincoln's Inn Fields el 21 de julio de 1683. El noble fue condenado por urdir un plan para secuestrar al rey Carlos II. Sabedor del destino que le esperaba, Lord Russell entregó diez guineas a Jacquet para que cumpliera con su trabajo de una manera limpia y que no le provocara sufrimiento. Pero en el momento del ajusticiamiento y debido al mal estado de las armas que utilizaba Ketch, necesitó hasta tres hachazos para separar la cabeza del cuerpo del noble.
El 15 de julio de 1685 Ketch tuvo otro encargo en parecidas circunstancias. En esta ocasión se trataba de James Scott, duque de Monmouth que ofreció seis guineas al verdugo para obtener un ajusticiamiento sin sufrimiento. Pero esta vez la muerte fue aún peor. Ketch necesitó cinco golpes de hacha para ajusticiar al reo, pero como el hacha no cortaba mucho, tuvo que utilizar su cuchillo para terminar de separar la cabeza del cuerpo.
El publico le abucheo, estaba muy mal visto mas de tres hachazos.
En 1686, Ketch ingresó en la prisión de Bridewell por impago de deudas. Cuando salió, mató a una prostituta, lo que le valió la pena de muerte en noviembre de ese mismo año en la horca.
Hay que añadir que John Ketch fue su seudónimo y que su nombre real era Richard Jacquet aunque también fue conocido como Jack Ketch. Hoy en día el nombre de Ketch sigue siendo habitual en Inglaterra pues significa para los ingleses “muerte” o “Satanás”.
Es considerado un insulto y hasta está documentado que en 1926 un ciudadano fue condenado por insultar a otro llamándole “Jack Ketch”.
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| Supuesto John Ketch real, en pleno show. |
Las cosas mejoran para el pueblo llano.
A fines del siglo XIII, las Siete Partidas del rey castellano Alfonso X el Sabio, inspiradas en el Código Justiniano permitían la pena de muerte por decapitación (para los nobles), quema (para personas viles), ahorcamiento o echando al criminal a las fieras, pero prohibieron el despeñamiento, y el degollar con una hoz. Fue todo un alivio
¡VIVA LA REINA! encima habrá que darle las gracias.
Y esto duro hasta 1932 que fue abolida y luego restablecida en octubre de 1934, para delitos de terrorismo y bandolerismo. Franco la reincorporó plenamente al código penal en 1938
En 1978 se abolió, excepto en los casos que la legislación militar establecía en tiempo de guerra.
En 1995, se abolió finalmente también de la legislación militar.
Y esto duro hasta 1932 que fue abolida y luego restablecida en octubre de 1934, para delitos de terrorismo y bandolerismo. Franco la reincorporó plenamente al código penal en 1938
En 1978 se abolió, excepto en los casos que la legislación militar establecía en tiempo de guerra.
En 1995, se abolió finalmente también de la legislación militar.










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