El soldado de Cerro Muriano.
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| Rafael Delgado |
Entonces trabajaba en asistencia en carretera. Un sábado, le llamaron para realizar un servicio en Pozoblanco. Después de atenderlo, de regreso a Córdoba, ya anochecido, pasó por las inmediaciones del CIR 4 Obejo hoy es la Base Militar de Cerro Muriano. En la puerta vio a un soldado con una mochila al hombro haciendo autoestop. Como Rafael había hecho la mili en este mismo campamento. empatizó con el joven y detuvo su grúa para recogerlo. El chico se sentó a su lado, y ambos iniciaron una agradable conversación en la que el soldado reveló un buen número de detalles: se llamaba Joaquín, su padre también había sido militar, provenía de Huelva y tenía intención de abandonar el ejército en breve, por motivos personales. Incluso se permitió advertir al conductor del vehículo que extremara la precaución al pasar por las llamadas "curvas de la herradura", asegurándole que se habían producido numerosos accidentes en ese peligroso tramo. Llegaron a establecer tal nivel de confianza que al pasar por el bar El Frenazo.
Rafael puso el intermitente para invitar a su inesperado camarada a tomar algo.Estaciono la grúa en la explanada que servía como aparcamiento. Entonces giró la cabeza a la derecha, y cuál sería su asombro al comprobar que el asiento del acompañante se encontraba… totalmente vacío.
En el habitáculo de la grúa, no había sitio donde esconderse o por el que escapar. Aún así, Rafael se bajó y examinó el vehículo a fondo, pero inexplicablemente, Joaquín se había esfumado. Como en tantos relatos recogidos en toda la Península Ibérica, en los que una persona desorientada sube a un vehiculo para luego se desvanecerse sin dejar rastro. Esta vez, la tradición de la chica de la curva estuvo protagonizada por un soldado. Pero lo mejor es que lo relatado hasta aquí no es una leyenda, sino el testimonio real de un vecino.
Los científicos tienden a considerar las apariciones en carretera como un efecto de nuestra mente, provocado por el cansancio ocasionado al fijar la mirada en la calzada durante un tiempo prolongado (hipnosis del horizonte) De noche, este efecto se intensifica, ya que la visión se reduce a la región iluminada por los faros del vehículo, haciendo más frecuente la visualización de extrañas siluetas en las zonas periféricas de nuestro campo de visión. Pero en un caso como el de Rafael Delgado, ¿cómo podrían ser producto de su imaginación todos esos minutos de interacción? En estas situaciones, los psicólogos no tienen más alternativa que reconocer que el contacto se ha producido ciertamente, y es una persona física la que ha ocupado el asiento del acompañante.
Fuente: Córdoba Misteriosa / Jose Manuel Morales.



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