11 de Agosto de 1980.
Sucedió en el trayecto desde La Antilla (Huelva) a Sevilla. Ese día un médico, José Luis Torrella López, fue perseguido por una misteriosa forma luminosa durante el trayecto, el médico lo manifestaba así al periodista del diario ABC Javier de Pablos:
—Mira, yo salí de La Antilla a las tres menos cuatro de la madrugada del domingo al lunes, igual que hago normalmente todos los fines de semana. Entonces, una vez pasado Niebla, camino de Villarrasa, vi una luz muy pequeña, distinta a las estrellas, que se movía zigzagueando, estando a una altura de trescientos metros, no tardando en desaparecer. Pasé La Palma del Condado y, antes de llegar a Manzanilla, de nuevo la volví a ver, mucho más grande, hasta que la perdí de vista.
—¿Qué es lo que pensaste en un principio?
—En los primeros momentos pensé que podía ser una estrella fugaz, pero en seguida deseché la idea, ya que estaba demasiado baja para ser una estrella y, además, éstas no pueden hacer movimientos los movimientos que este objeto realizaba.
—¿Cuándo volvió a surgir?
—A las cuatro y media, cuando me incorporé a la autovía, ya que iba por la carretera vieja; la vi con mucha mayor claridad a la derecha del coche.
—¿Cómo era ese objeto volante no identificado?
—Tenía tres aristas y una luz central que era amarilla intensa, siguiendo a mi lado hasta el cruce de Umbrete. Desde ese momento empecé a ponerme nervioso y lo que hice fue apretar el acelerador y correr a toda velocidad. Cuando llegué al cementerio de Castilleja se trasladó a mayor distancia y hacía movimientos de derecha a izquierda y sobre su propio eje,
—Una vez llegaste a Sevilla, ¿qué sucedió?
—Al entrar en la ciudad, por el camino de Tablada, la perdí de vista, pero cuando llegué se me apareció frente por frente. Aparqué el coche en el portal y el OVNI estaba prácticamente encima del automóvil, con una luz tenue, cerca de un descampado, antiguo almacén de maderas.
—¿Subiste a tu casa?
—Subí las escaleras corriendo, muerto de miedo y con la cara pálida, según me dijo mi padre, que se asustó al verme, creyendo que me había pasado algo. Se lo expliqué y salió conmigo a la calle en paños menores, al igual que un vecino, que también bajó con nosotros.
—¿Seguía el OVNI allí o había desaparecido?
—Estaba allí, pero mucho más alto que cuando yo lo dejé. Dio la casualidad que pasó un avión comercial, calculando, por la altura que normalmente suelen llevar éstos, que el objeto estaría a unos cuatro mil metros. Me había bajado la máquina de foto y saqué unas cuantas fotografías, que no sé si saldrán. Desde las cinco hasta las seis se quedó fijo y, a medida que fue amaneciendo, se fue elevando, siendo ya muy difícil de identificar. A la noche siguiente estuve estudiando gran parte de la madrugada y me asomaba de vez en cuando, pero no había nada.
—¿Esa luz amarilla intensa que el objeto emitía, deslumbraba al mirarla?
—Producía cierta hipnosis cuando te quedabas mirando fijamente. Verla daba una sensación placentera.
—¿No llamaste a la Policía?
—No lo pensé. Hay tantas personas, según oyes en los programas de radio y ves en televisión que ven estos objetos que creí que nos les interesaría.
—¿Creías en la existencia de los OVNIs?
—Racionalmente sabía que era factible que los hubiera, pero siempre lo veía como experiencia de otras personas.

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