El ensotanado de Villanueva del Duque.

06:15 del 1 de noviembre de 2002. Día de todos los santos.


El escritor y académico Alejandro Lopez Andrada, tenía que llevar a su hija Rocío y a una estudiante de intercambio irlandesa, a Alcaracejos, desde donde irían con sus compañeros de instituto a Mérida.
Hizo el stop de la calle Virgen de la Guía, para tomar la carretera A-422, miro a la derecha y luego a la izquierda, en dirección al cuartel de la Guardia Civil y el colegio público...


"A unos cien metros a mi izquierda, vi una silueta que venia hacia nosotros. En un principio no di la voz de alarma, pero mi hija también lo vio: «¿Ves lo que veo yo?». Conservamos la calma a duras penas como pudimos y decidimos esperar. Conforme se acercaba vimos que era gigantesco, de unos dos metros y medio, y que no tenía rostro. Su oscuro hábito parecía religioso, como el de un monje con capucha".
A-422. aproximadamente 100m, son a la altura del camión.

"La chica irlandesa tenia una cara de pánico que pa´que.
Durante cinco minutos se estuvo acercando por el centro de la carretera levitando a unos 20 cm del suelo, moviéndose la túnica en la parte inferior, como si tuviera un ventilador 
Cuando llego a 10 metros, acelere y continué la marcha, vigilando la silueta, vi por el retrovisor que se acercaba un vehículo por detrás de la figura, afloje la marcha pensando que saltaría por el aire al golpearla el coche, pero este la atravesó y la figura se desvaneció".

Ahí acabó la historia, aunque con el misterio que siempre acompañará a las tres personas que lo vieron.


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